Procesos centrales y propiedades fundamentales
La galvanoplastia de estaño funciona depositando iones de estaño sobre un sustrato mediante electrólisis, creando una capa delgada y consistente, generalmente de 2 a 20 gramos por metro cuadrado por lado. La estabilidad química natural del estaño forma una barrera física fiable contra la corrosión, y su textura suave (20-30 HV una vez endurecido) le permite doblarse y adherirse bien. Además, es respetuoso con el medio ambiente y cumple fácilmente con estándares globales como RoHS gracias a su naturaleza no tóxica, una gran ventaja para las industrias reguladas.
En cambio, la galvanoplastia de cromo deposita iones de cromo mediante electrólisis y se divide en dos categorías principales: decorativa y funcional (comúnmente conocida como cromo duro). Los recubrimientos de cromo decorativo son ultrafinos, con un grosor de tan solo 0,3 a 1,0 micrómetros, mientras que las capas de cromo duro pueden variar de 5 a 80 micrómetros, o incluso más gruesas para usos industriales extremos. Las características destacadas del cromo —dureza (700–900 HV) y resistencia térmica de hasta 650 °C— se deben a su exclusivo mecanismo de barrera y pasivación. Cabe destacar que suele requerir una capa base de cobre o níquel para maximizar la resistencia a la corrosión.
Diferencias clave: rendimiento y características
Resistencia a la corrosión
El estañado resiste bien a los ácidos orgánicos, con una resistencia a la niebla salina de entre 24 y 72 horas. Su barrera no tóxica lo convierte en una opción ideal para aplicaciones en contacto con alimentos; lo encontrará en todo tipo de productos, desde latas hasta equipos de procesamiento de alimentos.
El cromado, combinado con las capas base adecuadas, ofrece una resistencia a la corrosión muy superior, con una protección contra la niebla salina que va desde 48 horas hasta unas impresionantes 2000 horas. Esto lo convierte en la opción ideal para entornos hostiles con presencia de álcalis, sulfuros o carbonatos, como plantas de procesamiento químico y entornos marinos.
Propiedades mecánicas
Los recubrimientos de estaño son altamente dúctiles, lo que significa que soportan procesos complejos de conformado y soldadura sin agrietarse. Por eso son esenciales para componentes electrónicos y trabajos de chapa metálica: piezas que necesitan ser moldeadas o unidas sin comprometer el recubrimiento.
Los recubrimientos de cromo, si bien son duros y altamente resistentes al desgaste, son inherentemente frágiles. Esta fragilidad los descarta para aplicaciones que impliquen flexiones o impactos fuertes, ya que son propensos a astillarse o descascarillarse bajo tensión. En cambio, son excelentes en aplicaciones donde las piezas se mantienen rígidas y la resistencia a la fricción es clave.
Estética y funcionalidad
El estaño ofrece un acabado metálico sutil y natural: sin brillos ostentosos, solo un funcionamiento fiable. Lo importante es el rendimiento, no la apariencia, ideal para industrias donde la estética se antepone a la utilidad.
El cromo, en cambio, ofrece un brillo brillante, similar al de un espejo, perfecto para usos decorativos. El cromo duro evita la estética y duplica la resistencia al desgaste, lo que lo convierte en la opción ideal para piezas mecánicas con alta fricción.
Costo e impacto ambiental
El estañado es más económico que el cromado, aunque es más caro que opciones básicas como el cincado. Es una opción intermedia rentable para aplicaciones que requieren no toxicidad o ductilidad.
Sin embargo, el cromado es un proceso más complejo con un mayor impacto ambiental, que requiere protocolos de gestión de residuos más estrictos y un manejo cuidadoso de los productos químicos. Esta complejidad adicional incrementa los costos, lo que posiciona al cromo como una solución premium reservada para aplicaciones donde sus ventajas únicas de rendimiento son innegociables.